27 de octubre de 2008

¿Quién gobierna en la República Unida de la Soja?

Novedades de GRAIN, Octubre 2008

http://www.grain.org/articles/?id=45

Las nuevas dictaduras del Siglo XXI: terratenientes y corporaciones aliados para destruir y demoler las democracias
Los tibios intentos de las frágiles democracias latinoamericanas por poner algún límite al poder económico dominante generado por dos décadas de globalización y neoliberalización económica han encontrado en los últimos meses un topetazo contundente en la perversa alianza de grandes terratenientes con las corporaciones del agronegocio que están actuando de manera brutal en todos los países del Cono Sur.
No se trata aquí de hacer un juicio sobre los gobiernos democráticos de la región, ni de evaluar su capacidad de transformación de la realidad o su compromiso con los pueblos latinoamericanos. Dejamos esto para los pueblos que desde sus propios procesos van respondiendo y creando espacios para responder y construir nuevas realidades.
Sin embargo creemos que no es posible pasar por alto algunos hechos, unos notoriamente públicos y otros que apenas ocupan algunas columnas en los medios; todos aparentemente desconectados entre sí pero profundamente ligados en una raíz común que es la someter a los pueblos, controlar su agricultura y su alimentación ocupando y destruyendo sus territorios.
Un hilo común atraviesa todas estas noticias y se fortalece como metáfora aleccionadora de las pretensiones de estos sectores: la soja [soya] transgénica y su invasión de territorios en el Cono Sur que descaradamente Syngenta bautizó hace algunos años como la "República Unida de la Soja".
Así, el lock-out patronal de los terratenientes sojeros de la Argentina iniciado en marzo y que ahora vuelve por más mostró la senda de lo que luego en Bolivia se convirtió en una feroz agresión cargada de odio, desprecio por la vida humana y racismo contra los pueblos originarios.
Allí aparece en escena como uno de los principales dirigentes de la "Media Luna" el presidente del Comité Cívico pro Santa Cruz Branco Marinkovic que "casualmente" resulta ser uno de los grandes productores de soja de la región (1).
En estos días y en pleno recambio democrático que llenó de esperanzas al pueblo paraguayo, el país se ve también brutalmente conmocionado por la represión contra campesinos que incluso llevó a la muerte al campesino Bienvenido Melgarejo y con los grandes terratenientes anunciando que van a recurrir a las armas para defender sus latifundios.
En Uruguay y en medio de suaves presiones gubernamentales para establecer restricciones sobre el incremento de las áreas para el cultivo de soja con la creación de una Plan de Producción Agrícola también los grandes sojeros hicieron oír su voz y sembraron de amenazas los grandes medios. Otras noticias no ocuparon grandes titulares de los diarios durante los últimos meses, pero sin embargo muestran el trasfondo de quienes preparan los escenarios para el futuro de nuestra región.
Ni bien culminó el lockout en Argentina, Monsanto se presentó ante las autoridades nacionales ofreciendo la pronta puesta en el mercado de una "nueva" soja transgénica resistente esta vez al glifosato y productora de toxina Bt. Su intención es "retornar" al mercado argentino siempre que se le garantice su "seguridad jurídica". Esto significa garantizarle el cobro de regalías por la patente de esta soja (2).
Pero Monsanto llegaba en el mismo momento con su propuesta de la nueva soja transgénica a Brasil, que desde sus autoridades ya se ha rendido a los transgénicos y ha convertido a la ctnBio en una puerta de aprobación automática de todo los que las corporaciones desean.
Mientras tanto Uruguay levantó la moratoria a la aprobación de nuevos transgénicos y abrió así las puertas para el ingreso de los "nuevos" commodities transgénicos de Monsanto. No es casual que la soja transgénica aparezca en todas estas noticias: es simplemente un instrumento del control corporativo de la agricultura y el control territorial que llega de la mano de las agroempresas y sus patrones, los grandes productores y las corporaciones transnacionales.
Por supuesto que cada uno de estos actores tiene mecanismos de acción diferenciados: las corporaciones permanecen silenciosas y hacen sus negocios mientras invierten enormes sumas en publicidad en los medios masivos de comunicación de manera de tenerlos siempre a su favor y que nunca se publiquen en ellos los cuestionamientos públicos que reciben. También ellas son quienes logran los apoyos de Estados Unidos en aquellos casos en que se necesita la intervención política directa o bajo las sombras.
En cambio los grandes productores sojeros son los que hacen el trabajo sucio con distinto grado de brutalidad, pero siempre brutalmente demuestran su desprecio por la vida y la dignidad humana para consagrarse al único dios que conocen: el Dios Dinero. Entonces ellos sí pueden cortar rutas, desabastecer ciudades, asesinar campesinos o dividir un país.
La República Unida de la Soja permanece con sus murallas altas y su reino de especulación y muerte en el poder. Parece ser que detrás de la recién iniciada caída del muro financiero del capitalismo global también empiezan a caer las murallas de esta República. Los pueblos están listos para seguir haciéndose cargo de sus vidas y su alimentación.

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