26 de agosto de 2011

Funcionarios públicos en tiempos de Evo, esclavos del Siglo XXI

Por Omar Quiroga Antelo*
Ser funcionario público antes de que Evo Morales suba al gobierno, era una función que muchos apetecían, debido a los suculentos salarios, los bonos y otros beneficios que se disfrutaban, además de la facilidad con la que accedías a recursos adicionales, debido a la corrupción imperante.
Cuando llega Evo, los salarios se reducen drásticamente aproximadamente hasta el 50% de los montos que se pagaban. El límite máximo fijado es el salario del presidente de 15.000 bolivianos y ningún funcionario puede ganar más. Se acaban los privilegios, ya los directores generales no gozan de acceso a movilidad, a celulares, se bajan los gastos operativos y el gobierno por supuesto gasta menos en la burocracia estatal.
Sin embargo, la presión, el trabajo, la dedicación, de los funcionarios públicos, sobretodo de quienes están en cargos ejecutivos, se multiplica. El ritmo que imprime el presidente dicen muchos, que es arrasador. No hay quien lo pueda seguir, es de aguante!!.
Muchos opinan que el presidente y el vicepresidente se pueden dar el lujo de dedicación completa a su trabajo, porque no tienen una familiar nuclear, es decir, no tienen una esposa o unos hijos a quienes responder. A los ministros, viceministros, directores, asesores, etc, esto los deja en desventaja, es más provoca problemas de relacionamiento con sus familias.
Si el ministro, viceministro u otro funcionario de jerarquía demuestra debilidad física, es decir, se enferma, de inmediato se minimiza el hecho. El extremo de esta situación se dio en enero de este año, en ocasión del cambio de gabinete, cuando el presidente les dijo a sus ministros y ministras, “que no escuchará reclamos de sus ministros. Cuando algún ministro me dice: ‘Tengo problemas de salud’, ¿qué me insinúa, irse al hospital? ¿A qué se debe esa insinuación?. Porque puede mejorar su salud trabajando. Algunos ministros o algún piloto me indica: ‘Tengo mi familia’, nosotros también tenemos familia, todos arriesgamos, entiendo la preocupación, (pero) primero es la familia grande que es Bolivia” (El Deber, 24/01/2011). En el fondo les dice que se olviden de sus familias y que nadie le ponga el pretexto de estar enfermo para no cumplir con sus obligaciones. En alguna ocasión incluso pidió a los ministros que trabajen si es posible, hasta que queden muertos y los pueda sacar de sus despachos en ataúdes.
La modalidad extendida en la mayoría de las reparticiones del Estado, es una relación laboral bajo el modelo de consultorías en línea, es decir, el funcionario o funcionaria que es consultor o consultora, no tiene derecho a beneficios sociales, a un seguro médico y puede ser desvinculado muy fácilmente, aunque hayan accedido al cargo mediante convocatoria pública.
Un buen pago debería derivar en un buen rendimiento, esa debería ser la regla, pero no se está pagando bien, pues durante los cinco años de gobierno, no hubo ningún tipo de incremento salarial a los funcionarios públicos, ni siquiera ajustando los salarios al efecto de la inflación. Como dato, la inflación acumulada desde el año 2006 hasta el 2009, ha superado el 28,8%, según el estudio “Balance Económico Social” realizado por la Fundación Jubileo en mayo de 2010.
Hay mucha presión sobre los funcionarios públicos, se les llama a los ejecutivos para estar en reuniones o entregar un informe o un producto de un rato para otro, estos a su vez piden a sus subalternos que les preparen insumos, pero lo más grave es que se les pide aquello con pocas horas de anticipación. Se les encarga estar en reuniones fuera de la sede de sus funciones, de inmediato, es decir, se trabaja a demanda, sin planificación. De esa manera no se puede rendir bien y por supuesto los funcionarios públicos andan estresados.
Si reclamas, de inmediato te tildan de no estar comprometido con el “proceso de cambio”, que solo te interesa ganar dinero. En definitiva esta especie de voluntarismo, no permite que se consigan buenos resultados, es decir, que se haga una buena gestión pública.
El estatuto del funcionario público está en frontal contradicción con la ley general del trabajo y con la propia Constitución Política del Estado. Es una herencia del modelo neoliberal que imperó en Bolivia en las décadas pasadas y poco o nada se ha hecho para cambiarlo. No hay política pública específica del funcionario público.
Cuando un funcionario público denuncia corrupción o contradice a sus superiores, de inmediato le buscan la forma de procesarlo y en extremos meterlos presos.
Si quieres actuar limpiamente, la presión para que te corrompas es fuerte y si no lo haces de igual manera se te tilda de corrupto, sólo por ser funcionario público o como reza en la Constitución Política del Estado, servidora o servidor público.
No es casual que muchas personas de brillante trayectoria profesional, actualmente no quieran asumir cargos públicos y otras hayan renunciado. Algo hay que hacer para dignificar esta noble labor.
*Consultor independiente, ex funcionario público.
Santa Cruz de la Sierra, 26 de agosto de 2011.

1 comentario:

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