23 de agosto de 2011

Final de Gadafi: continuidad de los negocios turbios occidentales

Max Murillo Mendoza
Todos los comentaristas internacionales hacen gala de sus “análisis” sobre el final de Gadafi. Nadie se refiere a lo que Gadafi significó para los negocios de occidente. Todos encubren en un manto de hipocresía y disimulo racional, silencio filosófico y complicidad de gala, repitiéndose sofisticadamente un colonialismo del siglo XXI donde no sólo todo es posible, sino que todo está justificado porque la moral y la ética han quedado definitivamente cerrados y enterrados en el basurero de la historia. Le utilizaron a Gadafi hasta donde era necesario y suficiente. Convivieron con él porque sus 200 mil millones de dólares eran lo más importante (guardados en bancos europeos y norteamericanos), porque sus depósitos de petróleo le blanqueaban el rostro hasta soportarle lo “tirano” que era: discursos fort export, para salas de diplomáticos de lujo y competidores de rancias aristocracias modernas.
Cuando este “tirano” ya no les sirvió hicieron lo que saben hacer: complotar e invadir con armas, y dividir poblaciones para justificar guerras “de liberación”. Negocio redondo: dineros confiscados al dictador y nuevos negocios para los mercaderes de la muerte: los grandes consorcios y corporaciones de armamentos occidentales. Danza de miles de millones de dólares, sin ni siquiera importarles las necesidades de sus propias poblaciones, que como nunca se debaten en una crisis provocada por los mercaderes de las finanzas. No importan los miles y miles de muertos. No importa el sufrimiento de poblaciones enteras, que jamás se recuperarán de semejantes destrucciones. No importa la destrucción del sur de este mundo, al final siempre fue lugar de todos los experimentos posibles para satisfacción racional del sentido filosófico, y ético de los estrategas del norte. Todo eso vale porque es el devenir de la historia, como decía Hegel. Los discursos son los discursos.
Los tiranos en todo el mundo, de derecha o izquierda, y en todas las épocas de la historia moderna, han sido hijos privilegiados; aunque bastardos, de la historia de occidente. Y siempre hubo con ellos dobles o triples discursos. Los discursos frente a las cámaras de televisión o la prensa, es decir de consumo masivo; y los negocios en los pasillos del poder financiero o político. Siempre fueron parte de lo establecido, y de lo real politik. Y esa dobleces nunca estuvieron en contra de lo filosófico y ético, pues sus poblaciones merecen estabilidades y tranquilidades a prueba de todo. El sur no es parte de sus historias. Eso no importa. Existen objetivos superiores, como comportamientos superiores. Los muros invisibles entre lo civilizado y lo bárbaro deben ser cuidadosamente y refinadamente cuidados y vigilados. La globalización y el multiculturalismo sólo han sido excusas para la imposición de nuevas maquinarias ideológicas, “democráticas”, de dominio y control totalitario.
La brecha económica y tecnológica, con excepciones pequeñas, entre el norte y el sur se ensancha. Constatación que debería ponernos a pensar en lo que realmente sucede. En estos tiempos de reacomodo mundial: económico, social, tecnológico y político, deberíamos mirar más a fondo lo nuestro. La ilusión de mirar y esperar comprensión, claridad, transparencia e igualdad hacia las historias del sur, se está convirtiendo en espejismos. En desilusión y duda. En perplejidad y creciente asombro sobre el pragmatismo y la crueldad del norte, a la hora de definir quién es quién. Ese asombro y duda, tenemos que convertir en fortalezas nuestras, sin revanchismos históricos, sino con sabidurías organizativas, y miradas cada vez más autóctonas y búsquedas de respuestas en nuestros propios muros. Eso requiere también el reinventar nuestros propios sistemas filosóficos, revivirlos y dimensionarlos como maneras de recrearnos en nuestros propios espacios. Un tinku con nuestros pensamientos, con nuestras maneras de vivir y morir. Definitivamente no a la violencia refinada y sistematizada y científica de los grupos de poder de occidente.
Cochabamba, 23 de Agosto de 2011

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