25 de octubre de 2011

Hace 20 años…

OJO DE VIDRIO
Hace 20 años…
Por Ramón Rocha Monroy - Columnista - 25/10/2011
Hay un alemán a quien los cochabambinos deberíamos declarar ciudadano honorario e ilustre. Apellida Alzheimer. Entre los 1.000 defectos que me deshonran, lastimosamente no soy descendientes de dicho señor; quizá por eso me designaron Cronista de la Ciudad.
Pues bien. Hace 20 años, hubo un paro cívico que conmovió a “todas las fuerzas vivas” de nuestra querida llajta y duró tres días de paralización completa. ¿El motivo? Exigirle al gobierno de Jaime Paz Zamora ¡la construcción de la carretera Cochabamba-Beni! El Congreso se reunió en sesión urgente y aprobó una ley que declaraba “de prioridad nacional” la construcción de dicha carretera, aunque todavía no se vislumbraba la posibilidad de conseguir financiamiento para semejante empresa. Una senadora del Acuerdo Patriótico propuso en la sesión que primero se tratara el problema de límites interdepartamentales entre Cochabamba y Beni, y así se postergó indefinidamente el bendito proyecto.
20 años después, como no lo habría soñado ni Alejandro Dumas, “todas las fuerzas vivas” de nuestra querida llajta se movilizaron y paralizaron completamente la ciudad. ¿El motivo? Exigirle al Gobierno de Evo Morales ¡que no construya la carretera Cochabamba-Beni! Es cierto que la posición fue más morigerada: nadie está en desacuerdo con el bendito proyecto, pero que se construya por otro lado y no por el medio del Tipnis. Pero detrás del acuerdo firmado por el Ejecutivo con los indígenas de la marcha a La Paz, hay la intención clara de no permitir la construcción de ninguna carretera.
Un artículo oportuno sobre el tema fue publicado en Petropress, Nº 15 (ver en Google) y el autor es Pablo Villegas, a quien le debemos un enjundioso estudio sobre los recursos naturales de Bolivia. Este conocido investigador del Cedib dice que el verdadero debate es el corredor interoceánico digitado por el Brasil para lograr su propósito histórico de llegar al Océano Pacífico.
El Brasil tiene un aparato productivo importante en el Estado de Rondonia, limítrofe con Bolivia, pero la producción debe salir por el Atlántico, bajar hasta el Cabo de Hornos y remontar el Pacífico para llegar a los países asiáticos, que son el eje de la economía mundial. Un corredor bioceánico por Bolivia les sería como un canal de Panamá para llegar cuanto antes a dichos países consumidores.
La conclusión de Villegas es interesante: Que hagan el corredor bioceánico por Perú o por Argentina ¡pero no por Bolivia! Con todo respeto, yo diría que esta es la madre del cordero. Los cochabambinos debemos estar contentos: no habrá más carretera.
Victoria pírrica, que le llaman. Veamos por qué.
La Universidad de San Simón convocó a un debate sobre el Tipnis. Carlos Crespo, investigador del Centro de Estudios Superiores Universitarios (CESU) dijo que las decisiones sobre el Tipnis son estratégicas porque determinarán lo que ocurra más tarde con otros megaproyectos, como la explotación del litio, la explotación de nuevas reservas de gas o la adjudicación de yacimientos minerales. Tan certera es esta apreciación, que los indígenas de la marcha pudieron arrancar otra concesión al Gobierno: que se suspenda la exploración/explotación de hidrocarburos en el Aguaragüe. El presidente Evo Morales ha indicado que esto puede costarle al país casi 4.000 millones de dólares anuales. ¡4 billones de dólares anuales! Este es sólo el antecedente, porque a la hora de adjudicar la explotación del litio, puedo apostar que otra vez se dará el debate entre “conservacionistas” y “desarrollistas” para impedir que se haga trabajo alguno en el Salar de Uyuni. Tan hermoso que es, ¿no ve?
La ciencia política enseña que el arte de gobernar es el arte de equilibrar posiciones. Hoy el debate es entre conservacionistas y desarrollistas. Si ganan los primeros, viviremos orondos y felices en el Neolítico y en contacto con la madre Naturaleza; si ganan los segundos, aumentaremos el ingreso, los subsidios, los bonos, quizá la calidad de vida, pero destruiremos la Naturaleza.
Con todo, si hubo algo de positivo en el debate del Tipnis es la defensa de los pueblos indígenas y el reconocimiento de la nueva Constitución en la población urbana. Incluso aquellos constitucionalistas que hicieron encomiables esfuerzos teóricos por asestar rudos golpes a la Asamblea Constituyente y criticaron con severidad la redacción final de la Constitución, ahora son celosos defensores de ella y, por supuesto, de los pueblos indígenas.