18 de abril de 2010

Santa Cruz, entre la cruz y la espada‏

Gisela López Rivas
giselalopezrivas@yahoo.es
Los cruceños seguimos sumidos en las dos únicas alternativas políticas que compiten no sólo filosóficamente sino, y sobre, todo en radicales posiciones. Es –más o menos- a ver quién es más fundamentalista que el otro. Por un lado, un MASismo que acepta, de dientes para afuera, candidaturas forzadas "clasemedieras" para obtener el fin sin considerar los medios; y, por otro, una corriente "cívica", elitista, clasista, racista, vacía en ideología cuyas siglas ni siquiera importan porque se las inventan y re-inventan para cada elección.
Dos proyectos políticos duros y cerrados en una sociedad diversa, plural, numerosa, heterogénea y encima generadora del 30% del PIB de Bolivia. Dos proyectos que nos ponen frente a la cruz y la espada en el momento de la reflexión seria acerca del futuro de esta sociedad.
La victoria de Rubén Costas en Santa Cruz es relativa por más 50% o más que hubiese obtenido. Su proyecto excluye a las clases populares cruceñas; es desigual en el trato a sus habitantes; los niños, las mujeres y los pueblos indígenas son "vulnerables" en su visión; y, si Evo Morales quiere el poder hegemónico en Bolivia –como dice la oposición-, el proyecto Costas lo quiere en Santa Cruz.
El MAS cruceño, por su lado, se resiste a abrirse a la idiosincrasia de las clases medias de este pueblo. La candidatura de Jerjes Justiniano es una prueba. Clasemediero, intelectual, siempre vinculado a la izquierda, político en todo el sentido de la palabra, etc. no fueron cualidades suficientes para que el MASismo –enraizado en los movimientos campesino y urbano-popular liderados por migrantes e hijos de migrantes de occidente- quiebre esa coraza y le ponga el mismo pecho que le puso a Evo en la campaña para los comicios de diciembre pasado.
Jerjes no pudo "calificar" ante la dirigencia y las bases del MAS. No es por nada que la misma noche del 4 de abril, en la conferencia de prensa que ofreció, apareció huérfano de los líderes MASistas de Santa Cruz y estuvo acompañado nada más ni nada menos que de un ex unionista, clasemediero también, pero ex aliado de la elite que lidera Rubén Costas.
Y la victoria de Percy Fernández, "contundente" como califica la prensa, es pasajera. Percy ganó por inercia en Santa Cruz de la Sierra, porque no tuvo contrincante. Roberto Fernández, cuyas cualidades no son –por supuesto- las mismas que tiene Jerjes, no logró engatusar a los cruceños a pesar de que apeló a la memoria de su padre (Max Fernández), a su color de piel, a comparar a su padre con Evo Morales y a anunciar el inicio del "proceso de cambio" en Santa Cruz como si éste no tuviera ya bastante trecho recorrido.
La carrera política de Roberto Fernández se resume así: "Primero fue concejal con Johnny, su hermano, y de la UCS de su padre; después se unió con Tuto Quiroga, el símbolo de la derecha y adverso al proceso de cambio en Bolivia; y, finalmente, aliado coyuntural-electoral de Evo Morales, el paladín del proceso histórico". Con estas referencias se dice todo acerca de él.
Esas han sido y siguen siendo las opciones que tuvimos y que –lamentablemente- seguimos teniendo los cruceños.

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