23 de febrero de 2011

Propuestas de CIPCA orientadas a superar la crisis alimentaria

En estas semanas se han intensificado los problemas y conflictos por la escasez de alimentos y por el incremento de sus precios; asimismo, los análisis y debates no han estado ausentes, aunque son escasas las propuestas para dar una solución estructural al tema. Por ello, a partir de experiencias productivas de comunidades campesinas indígenas a las que acompaña CIPCA en siete regiones del país , queremos contribuir con algunas propuestas para superar esta situación.

Las múltiples causas de la crisis y algunas medidas desesperadas
Efectivamente, en estos últimos años se ha evidenciado en el país la crisis alimentaria y el alza de los precios de los alimentos se trató de contrarrestar con acciones directas desde el Estado, dado su nuevo papel como actor relevante de la economía. Se delegó a EMAPA la tarea de apoyar la producción de alimentos, y en tres años, del 2007 al 2010, sólo ha alcanzado a apoyar la producción de unas 240 mil hectáreas beneficiando a unas 16 mil familias. Actualmente se ha concentrado en la comercialización de productos, como el azúcar importado.
Pero la seguridad alimentaria del país es un tema demasiado importante como para dejarlo solamente en manos de EMAPA, ya que es de largo aliento, es estructural y requiere la participación de diferentes sectores y actores.

Se ha insistido mucho en que la causa de la crisis es el cambio climático. Es verdad que las sequías, inundaciones, granizadas, etc. han mermado las cosechas y faltan alimentos en el país. Sin embargo, junto con estas causas ambientales, hay otros factores de orden político, económico y técnico. Mencionemos algunos de ellos:

Causas Políticas. Las políticas de prohibición y restricciones a las exportaciones han dado resultados puntuales y de corto plazo para los consumidores urbanos, pero no son respuestas que aseguren la producción y disponibilidad de alimentos como el arroz, maíz y azúcar para toda la población. Es más, las importaciones llevadas a cabo por el mismo Estado y la declaratoria de importación sin aranceles hacen que la población urbana tenga alimentos disponibles, pero esos alimentos no llegan a las comunidades rurales, por la manera en que está priorizado y organizado su venta desde el Estado a través de EMAPA. Pero no sólo eso, como se sabe, las importaciones generan efectos negativos de corto, mediano y largo plazo para los productores y sus sistemas productivos por el desincentivo a la producción; y también implica la salida de divisas del país.
La capacidad de compra de alimentos por los consumidores, que cada vez es más escasa, es también consecuencia de determinadas políticas, lo que obliga a la población a consumir mayormente carbohidratos (maíz, trigo y arroz, tubérculos y azúcar).
La falta de políticas y priorización de inversiones productivas hacen que, como en el pasado, continúe la pérdida de producción por falta de vinculación vial entre las zonas de producción y los mercados.
También, políticas erradas como el derogado DS 748, por ejemplo, ha provocado que el incremento de los precios de los productos no esté llegando a los productores, sino que todo el plus se queda con los intermediarios y transportistas, y esto socava su capacidad de reinversión productiva. A manera de ejemplo, en el altiplano de La Paz desde que se supo del derogrado decreto, el precio de la arroba de papa al consumidor final se ha incrementado en promedio 55 Bs., pero el productor sigue recibiendo los 30 Bs. por esa arroba; en esta misma región, el litro de leche ha subido al consumidor final de 4,5 a 5,6 Bs pero el productor sigue recibiendo 2,4 Bs. (Datos CIPCA La Paz, 2011). En Cochabamba, por una carga de papa (9 o 10 arrobas, dependiendo de la zona) de segunda calidad, el productor recibe 350 Bs. y esa misma carga llega al minorista a razón de 410 Bs. En el caso del choclo por 25 unidades el productor recibe entre 15 y 17 Bs. y al minorista le llega a 25 Bs. (CIPCA Cochabamba, 2011). Entre el productor y consumidor final hay demasiada intermediación afectando negativamente a ambos.
No menos importante es la carencia de información actualizada, confiable y disponible sobre el sector agropecuario y agroforestal, que dificulta formular políticas adecuadas y de largo plazo. Como se sabe, en el país continúa postergado el anunciado Censo Nacional Agropecuario, y se continúa utilizando datos del Censo de 1984. Por ejemplo, debido a la falta de información no se conoce qué porción de la caña producida se destina a la producción de azúcar y qué a otros productos, como el alcohol, y cuánto realmente se exporta. Según estimaciones preliminares, este 2010 se habría exportado en alcohol –para etanol- y azúcar blanca el equivalente al 50% de la demanda nacional de azúcar (Nordgren, 2011).

Causas Técnicas. Otra causa de la crisis es la baja producción y baja productividad de los sistemas productivos del sector de pequeños, medianos y grandes productores. Si comparamos con los rendimientos de cualquiera de los productos con los países vecinos es elocuente la diferencia, y no es precisamente por la falta de uso de transgénicos, como han sugerido algunos dirigentes agroindustriales. El riego apenas cubre el 6% del área cultivada en el país, las inversiones en la ganadería extensiva son prácticamente inexistentes y sólo justifican la tenencia de la tierra. La capacidad productiva de los suelos es baja por las mismas características de relieve del país y por algunas limitaciones edafoclimáticas, según información del 2001 de la superintendencia agraria Bolivia tiene 41% de su superficie degradada y 25% con serio riesgo de degradación, aspecto que más afecta a tierras altas.
Asimismo, el cambio de uso de suelos, procesos de erosión, salinización y pérdida de fertilidad que no se controlan especialmente en tierras bajas; el desbosque y las quemas que provocan la pérdida irreversible de la biodiversidad, contaminación de ríos, la perdida de productos de recolección como castaña, cacao y la quema de sembradíos y plantaciones agroforestales. También, se registra una alta pérdida de la producción por poscosecha.
Entre 2005 y 2010 se han perdido por quemas y otras causas naturales 972 hectáreas de sistemas agroforestales de las 2.563 plantadas en seis municipios del Noreste de la amazonía boliviana. (Datos CIPCA Norte, 2010). Asimismo, este 2010 recién pasado en Baures (Beni) se han quemado 35 islas de cacao silvestre con diferentes grado de afectación, que ha supuesto la pérdida de unas dos mil hectáreas de cacao –de donde se exporta parte del cacao boliviano- (Datos CIPCA Beni, 2010), dejando a las familias recolectoras de este producto sin sustento no sólo para este año sino para al menos los próximos cinco años, periodo en que un repoblamiento de cacao puede restituir su base económica.

Falta de institucionalidad. También es causa el desorden institucional horizontal y vertical en el Estado. Es decir el tema de la producción agropecuaria y agroforestal es encarada por varios Ministerios a la vez: Desarrollo Rural, Medio Ambiente y Agua, Desarrollo Productivo, Planificación, y ahora Autonomías, y sin la debida coordinación, cada uno con sus propias iniciativas, programas y proyectos; incluso con sus propias visiones de desarrollo. A esto llamamos desorden institucional horizontal.
Por otro lado, hay un desorden vertical que evidencia la falta de coordinación entre los niveles de gobierno nacional, departamental y municipal. No hay un Plan Nacional Productivo que esté involucrando a estos tres niveles de gobierno en el tema que nos ocupa, es más, median razones políticas que dificultan una acción conjunta. Esta situación complica aún más la posibilidad de encarar con seriedad la crisis alimentaria.

En este contexto, con desespero se han estado barajando alternativas para solucionar la crisis alimentaria en el país; pero no se ha tomado en cuenta al sector campesino indígena, cuyo aporte a la alimentación de país es evidente, aunque no cuantificado, ciertamente. ¿Se pretende desconocer su potencial, su capacidad, su aporte y su experiencia?
La ampliación de la frontera agrícola para producir mayor cantidad de alimentos es una salida planteada desde el Estado. Incluso se escucha decir que se podrían flexibilizar las normas de cumplimiento de la Función Económica Social (FES), y que se podría autorizar el uso de transgénicos a fin de producir alimentos para el país y el mundo. Empero, estos aspectos no encuentran sustento en los principios y planteamientos del Plan Nacional de Desarrollo (PND) ni en el Plan de Desarrollo Sectorial del Ministerio de Desarrollo Rural.
Dado el contexto actual de crisis, a corto plazo, los próximos meses, lamentablemente el único camino será continuar importando algunos productos de consumo masivo. Empero, simultáneamente se debe elaborar y aplicar medidas estructurales y de largo plazo. Es por ello que planteamos algunas propuestas en esta línea.

Algunas propuestas frente a la crisis alimentaria
CIPCA propone formular un Plan Nacional Concertado de Fortalecimiento de la Capacidad productiva del país, con una perspectiva de largo plazo y con participación de los diferentes actores de la denominada economía plural. Esto implica reconocer el aporte real y potencial de cada uno de los sectores productivos, incluyendo por supuesto la participación activa de los pequeños productores campesinos indígenas; asimismo, de la academia, centros de investigación y de desarrollo.
El objetivo estratégico del Plan debe ser Asegurar la producción para la alimentación de la población boliviana, sin dejar de lado las exportaciones. Para alcanzar este objetivo es imprescindible incrementar la productividad sin ampliar la frontera agrícola, recuperar los suelos desertificados y mejorar su fertilidad ampliando la superficie bajo riego.

En este marco, las propuestas planteadas a continuación deben ser tomadas como aportes desde la perspectiva de los productores campesinos indígenas y basadas en su propia experiencia, que indudablemente deben ser compatibilizadas con propuestas de otros sectores productivos, pero también por otros sectores como el de educación y salud, ya que también su participación es requerida.

1. Programa de transformación de la producción de secano a riego.
Se propone incrementar el área de riego de 6% a al menos el 12% (de 230.000 a 460.000 hectáreas) del área cultivada a nivel nacional, con riego tecnificado (aspersión y goteo, sobre todo); implementación de invernaderos de segunda generación; manejo de suelos y los diversos recursos naturales. Producción diversificada y con manejo de semillas mejoradas, aprovechando la diversidad varietal local. Todo ello bajo un enfoque integral de cuenca y con criterios agroecológicos, que incluye el manejo de los diversos recursos naturales. A ello denominamos agricultura sostenible. Para esto es necesario replicar las experiencias exitosas que ya desarrollan familias y comunidades de zonas del Chaco, Valles y Altiplano. Empero se debe complementar con acciones y medidas de mayor magnitud para el riego: trasvase de aguas hacia el Altiplano y los Valles, y ductos en el Chaco (atravesado por tres ríos: Grande, Parapetí y Pilcomayo); solo así se podrá resolver de manera estructural la sequía recurrente y que el cambio climático amenaza con empeorar año tras año. También hay que plantearse el riego en algunas áreas cultivables del trópico y la Amazonía, aunque esto suene extraño, el riego durante la estación seca y las cada vez más frecuentes e intensas sequias en esta región (“sequía amazónica”) ha demostrado garantizar el éxito en las plantaciones de sistemas agroforestales durante las primeras fases de su desarrollo.

2. Programa de transformación de la ganadería bovina extensiva a semi intensiva.
La transformación de la ganadería extensiva a semi intensiva implica realizar inversiones en silvopasturas, manejo del bosque con reserva y clausura para asegurar la recuperación de forrajes nativos, rotación de potreros; infraestructura para captación y manejo del agua que garanticen reservas de este líquido para el consumo animal; sanidad animal y manejo ganadero. Por supuesto también implica la remuneración a los trabajadores de las haciendas, que hasta ahora en la mayoría de los casos sólo conocen de tratos verbales, no de contratos laborales. Asimismo, donde sea posible, implementar la crianza de ovinos de pelo, en varias zonas como actividad complementaria a la ganadería bovina. A todo esto denominamos la nueva ganadería, que es además complementaria a una agricultura bajo principios agroecológicos debido a las constantes necesidades de conservación de fertilidad de suelos que puede satisfacer la carga animal.
Esta propuesta también se basa en las experiencias de comunidades indígenas guaraníes del Chaco, que han obtenido buenos resultados en la producción de carne y leche con una carga animal de 4 hectáreas o menos por cabeza de ganado, frente a 25 o más hectáreas que demandan otros sectores. La propuesta se puede replicar en parte de los departamentos de Beni, Santa Cruz y el Chaco chuquisaqueño y tarijeño.
Estas experiencias son concordantes con la propuesta de organizaciones indígenas como la CIDOB, que en 2001 propuso una carga animal de 2,6 a 3,9 hectáreas por cabeza, según las características de cada zona.
La propuesta implica cambiar hábitos y prácticas inadecuadas propias de la ganadería extensiva que en el país, en gran medida, justifica la tenencia de la tierra con una carga animal irracional.

3. Programa nacional de sistemas agroforestales y de gestión integral del bosque.
Los sistemas agroforestales (SAF) consisten en la combinación adecuada de cultivos anuales o de corto plazo (hortalizas, arroz, plátano, cumanda, sorgo, camote, yuca, maní, joco, maíz, fréjol, piña, etc.), plantaciones de mediano plazo (cacao, copoazú, tamarindo, pacay, achachairú, papaya, manga, café, tamarindo, palta, pupuña, coco, majo, cítricos, etc. plantas medicinales: sangre de grado, copaibo y sucuba) y de largo plazo (mara, serebó, cedro, chonta fina, teca y castaña). Permite obtener producción desde el primer año de implementación y a lo largo de todo el año, aprovechando los diferentes niveles que ofrece la cobertura vegetal y preservando sosteniblemente la fertilidad se sus suelos, de manera parecida a lo que hace el bosque amazónico naturalmente. La obtención de beneficios del sistema agroforestal se prolonga por muchos años, como la mara cuyo corte se debería hacer recién a los 40 años. Los sistemas agroforestales se combinan adecuadamente con la gestión integral del bosque, de donde la gente también obtiene productos alimenticios, medicinales, materiales, etc. En éste y en los otros Programas, pero sobre todo en éste, por las condiciones del medio, se debe avanzar más en la transformación de la producción, ya que varios rubros son de alta perecibilidad.
Los sistemas agroforestales son una alternativa a la ganadería extensiva y la agricultura intensiva, que amenazan con convertirse en modelo imperante en la región amazónica, basados en el desbosque, la quema, la ampliación de la frontera agrícola y los monocultivos. Los sistemas agroforestales también se constituyen en alternativa para afrontar los efectos del cambio climático, como las inundaciones, sequías e incendios por su mayor capacidad de resiliencia; por promover y fortalecer la integridad de las funciones ecológicas del boque; y por su aporte a la captura de emisiones de carbono. Los sistemas agroforestales se está implementando en Pando, Beni, Santa Cruz, y recientemente el Chaco.
En éste y en los anteriores Programas será importante acompañar y asegurar la gestión productiva de la tierra que el mismo Estado, a través del INRA, ha logrado sanear y titular a favor de indígenas y campesinos.

4. Programa de mejora de la ganadería altoandina.
La ganadería altoandina consistente en la crianza de bovinos, ovinos y camélidos de manera asociada y complementaria a la agricultura, implica la mejora de la calidad del hato, manejo y sanidad animal; desarrollo de infraestructura para captación y manejo del agua para consumo animal y riego para forrajes, bofedales y recuperación de praderas nativas; según los casos y lugares, continuar con el manejo y aprovechamiento comunal y familiar de las praderas nativas. Asimismo, se deben seguir construyendo establos atemperados o no, sea para la producción de leche o carne.
Esta propuesta, que ya se aplica en varios municipios, se puede replicar en gran parte del altiplano boliviano –ecosistema que constituye el 30% del territorio nacional- que abarca desde La Paz hasta Tarija, siempre considerando la aptitud y condiciones del medio y la preferencia de los propios productores por estas especies.
La ganadería altoandina actualmente viene aportando de manera importante a la seguridad alimentaria de las familias que la implementan –por el acceso físico y económico-, y de la población de La Paz y El Alto.

5. Otras medidas necesarias
Asignación de recursos y fondos concurrentes
Si -dando cumplimiento el mandato de la Constitución Política del Estado- en verdad se pretende resolver la crisis alimentaria de manera estructural y con perspectiva de largo plazo, fortaleciendo la capacidad productiva del país, se debe tomar la audaz decisión de utilizar parte de los 10 mil millones de dólares de reservas generados hasta ahora, sumados a recursos concurrentes de los diferentes niveles de gobierno (municipal, departamental y nacional) y también del fondo indígena.
Esto implica también un ordenamiento horizontal y vertical del Estado, a lo que ya nos hemos referido arriba; pero también requiere superar las trabas de orden político ideológico que están dificultando avanzar en esta materia, ya que la alimentación de la población no puede estar sometida a pugnas políticas de unos y otros.

Seguro agrícola y sistema de alerta temprana
Se debe implementar el Seguro Agrícola, cuya característica debe ser la diferenciación entre el tipo de productor: grande, mediano y pequeño, y tipo de producción: monocultivos, cultivos asociados y sistemas multiestratos como son los SAFs.. Para este último el criterio más adecuado sería asegurar una determinada superficie con diversidad de cultivos y no asegurar un rubro en específico, salvo si por situación de determinada zona así lo requieran los productores; otros criterios pueden ser que el terreno esté titulado, que los cultivos no estén ubicados en zonas degradadas o dentro de la franja no permitida en cauces de ríos, etc.
Asimismo, se debe implementar un Sistema de Alerta Temprana y un programa de adaptación y respuesta preventiva a las alteraciones climáticas con recursos del Estado, en coordinación con los gobiernos subnacionales, para aminorar los impactos del cambio climático y disminuir los riesgos e incertidumbre en los productores.

Fortalecer y consolidar los bancos de germoplasma
Es imprescindible fortalecer y consolidar los bancos de semillas que ya ha puesto en marcha el INIAF a fin de garantizar la disponibilidad de semillas en el marco de la seguridad alimentaria; pero será importante avanzar hacia la constitución de una reserva de semillas para hacer frente a eventualidades de diverso tipo y el impulso a investigaciones sobre variedades resistentes a fenómenos climáticos adversos, cuya magnitud es impredecible por ahora.

Acercar al productor y al consumidor.
Establecer mecanismos como ferias a diferente escala y nivel con la participación de organizaciones de productores y organizaciones de consumidores (barriales, juntas vecinales, etc.) para -sin pretender eliminar a los intermediarios, que en algunos casos juegan un rol importante- , acercarlos más a fin de que ambos puedan encontrar beneficios mutuos en la calidad y precio de los productos. Ello implica también uniformar el sistema de pesos y medidas que se utilizan en la compra-venta, que por lo general ahora afecta negativamente tanto a productores como a consumidores, ya que dichos pesos y medidas han sido impuestos por los intermediarios, con la inacción cómplice de autoridades encargadas de estos temas.




Centro de Investigación y Promoción del Campesinado, CIPCA
La Paz, febrero 2011.

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